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CERIMEDO Y LAS “MILICIAS DIGITALES”: EL PODER DETRÁS DE LAS REDES QUE RODEA A LA NUEVA DERECHA

El caso Fernando Cerimedo vuelve a poner bajo la lupa una dimensión cada vez más importante de la política: el poder de los operadores digitales que, sin ocupar cargos públicos, pueden influir sobre campañas, gobiernos y la conversación pública.

Cerimedo, exasesor de Javier Milei y consultor político, quedó nuevamente en el centro de la escena tras su detención en Bolivia. Pero su historia política comenzó mucho antes y atraviesa distintos espacios de la nueva derecha latinoamericana. Fue vinculado a estrategias digitales durante la campaña que llevó a Milei a la Presidencia y también quedó bajo investigación en Brasil por su presunta participación en una estructura de desinformación relacionada con el entorno de Jair Bolsonaro.

Uno de los aspectos más polémicos de su trayectoria es justamente el uso de trolls, bots y campañas negativas. La investigación de la Policía Federal brasileña lo ubicó dentro de uno de los núcleos que, según los investigadores, habría participado en la producción y amplificación de contenidos falsos destinados a cuestionar el sistema electoral brasileño después de la derrota de Bolsonaro. Cerimedo negó las acusaciones y sostuvo que su trabajo se limitó al análisis de información pública.

El fenómeno excede, sin embargo, a una persona. En los últimos años comenzó a consolidarse una red de consultores, estrategas, influencers y medios digitales que atraviesan fronteras y participan en campañas políticas de distintos países. El caso Cerimedo permite observar cómo determinadas herramientas de comunicación pueden convertirse en instrumentos de construcción de poder político sin necesidad de formar parte formalmente de un gobierno.

El problema aparece cuando las redes sociales dejan de ser solamente canales de comunicación y pasan a convertirse en espacios de confrontación permanente. La utilización de cuentas falsas, campañas coordinadas y contenidos diseñados para provocar reacciones puede alterar la percepción sobre qué temas son realmente relevantes y qué grado de apoyo tiene una determinada posición.

En Brasil, los investigadores llegaron a describir como “milicia digital” a la estructura que habría producido, difundido y amplificado información falsa sobre las elecciones de 2022. Esa investigación no significa que toda actividad digital de Cerimedo constituya un delito ni que exista una única organización internacional detrás de todas las campañas de la nueva derecha. Pero sí expone un modelo de intervención política que merece ser investigado y discutido.

La pregunta de fondo es incómoda: ¿cuánto poder puede acumular alguien que no fue elegido por nadie y que tampoco ocupa un cargo público?

El caso vuelve a plantear ese interrogante porque Cerimedo fue identificado como una figura con acceso e influencia en distintos espacios políticos. En Bolivia, incluso el propio Gobierno reconoció que había asesorado al presidente Rodrigo Paz, aunque aclaró que no tenía un cargo oficial.

Mientras tanto, la investigación judicial en Bolivia agrega nuevas dimensiones al caso y mantiene al consultor argentino bajo el foco internacional. Su detención no alcanza para confirmar ninguna de las acusaciones políticas que pesan sobre su trayectoria, pero sí vuelve a poner en discusión el funcionamiento de las redes de influencia que se construyen alrededor del poder.

La política cambió. Ya no siempre hace falta sentarse detrás de un escritorio oficial para tener capacidad de decisión. A veces alcanza con controlar la conversación, instalar un tema, atacar a un adversario o fabricar la sensación de que miles de personas piensan exactamente lo mismo.

Y ahí aparece el verdadero interrogante que deja el caso Cerimedo: quién controla a quienes ayudan a controlar la conversación pública.

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